viernes, 21 de noviembre de 2014

Aquí os dejó el primer capítulo de mi historia de los juegos del hambre, la rebelión de Katniss falla, pero la esperanza volverá a surgir


1.La cosecha


A pesar de estar entre una enorme multitud, los cuerpos no irradiaban calor, por lo que el frío se colaba por cada recoveco y cada adolescente que se ponía en su camino.

La tribuna estaba protegida por varios agentes de la paz, que los vigilaban atentamente; la mujer de la tribuna, habló con voz chillona y estridente.

-¡Bienvenidos a la cosecha de los 90° juegos del hambre, y que la suerte esté siempre de vuestra parte! ¡Como siempre, las damas primero!- Se acercó a la urna femenina y cogió un papelito, un papelito que determinaría la suerte de una de ellas- ¡Y la afortunada es.... Ángela Hogspring!

Por un segundo, el mundo se detuvo. Su nombre. Iba a ir a los juegos del hambre, posiblemente iba a morir.
Caminó lentamente, deseando que alguien alzará la mano y se presentará voluntario, aunque eso era imposible. No podía morir, simplemente no podía morir y dejar sólo a su hermano pequeño.

Cuando los agentes de la paz la rodearon, oyó como alguien corría y gritaba su nombre.

-Thomas...-murmuró, intentando ignorar el impulso repentino de correr hacía el y abrazarlo.

La mujer la recibió con los brazos abiertos,  luego la ignoró para nombrar al tributo masculino.

-¡Samuel Dentstraw!

Un chico alto, delgado como un fideo, con las pálidas mejillas enrojecidas y el cabello castaño alborotado por el aire salió de la multitud y caminó con pasos ligeros hasta su lado.

-¡Bien estos son los tributos del distrito 12 de los 90° juegos del hambre!
Se dieron la mano.

Los condujeron a unas habitaciones, donde Ángela esperó unos segundos hasta que la puerta se abrió de golpe y su hermano se abalanzó sobre ella.

-¡Prometeme que lo vas a intentar!

Ella acarició suavemente los rizos oscuros de Thomas.

-Claro que sí.

-Por favor- dijo en un susurro- no me dejes sólo...

Ángela lo abrazó aún más fuerte y dejó que una lágrima silenciosa cayera por su mejilla.

Se hizo una promesa, la promesa de que, no importaba lo que tendría que hacer, iba a salir de allí y volvería con su hermano, porque era sólo un niño, y porque el Capitolio iba a pagar por todo lo que le había hecho a su familia.

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